Camuflada bajo el nombre de La Cantábrica, la Escalera 0 del muro de San Lorenzo de Gijón muestra su desencanto al mar.
De polémica construcción, enredada en los tejemanejes de una ciudad que no sabe a qué se dedica y que pierde el tiempo en grandes tonterías, La Cantábrica, al menos, se esfuerza por integrarse en el paisaje. No como las aberraciones de El Rinconín, el horrible frente de la playa o las entradas directas de autopista y ferrocarril en el corazón de la ciudad, que recuerda los mejores tiempos de Vladivostok.
Señores y señoras, se necesita urgentemente un plan urbanístico: bueno, bonito y, a ser posible, barato.
-No fui yo quien le trajo aquí, Bartleby- dije yo muy dolido por su sospecha implícita-. Y, para usted, este tampoco debería de ser un lugar tan vil. Nada reprochable se le puede imputar por estar aquí. Y, mire, no es un lugar tan triste como podría pensarse. Mire: ahí está el cielo, y aquí la hierba.
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