“Nosotros a lo nuestro. Hoy más que nunca: al karaoke”, con esta frase, el gran Guille Milkyway, alma, cabeza y corazón de La Casa Azul demostró ayer en la Joy Eslava de Madrid que sabe dar al público lo que quiere. Y eso, es algo de lo que pocos artistas españoles pueden presumir. Afónico y con cara de visible agotamiento físico -y, seguramente, mental- tras la avalancha en formato de espectáculo mediático que ha conllevado la candidatura casazulista al festival de Eurovisión, Guille salió con ganas de reencontrarse con su gente.
La utilería que lo arropa en cada actuación -porque, no nos engañemos, a Guille el atrezzo le protege y da fuerzas para desinhibirse- compuesta por cinco grandes pantallas que proyectan imágenes en alta definición consiguen entremezclarse a la perfección con este proyecto llamado La Casa Azul. Guille es consciente de que ha fracasado en su lucha interna por mantenerse en un segundo plano. Por mucho que la audiencia se desgañite cantando y, en consecuencia, a él no se le oiga; por mucho que la luz se atenúe para permitir la correcta visibilidad de las pantallas y él permanezca en la sombra: los conciertos de La Casa Azul se han transformado en una comunión entre público y artista con un único credo: nadie comienza una canción antes de que él, auténtico maestro de ceremonias, de el do de pecho.
De hecho, a Guille, cada vez le cuesta menos exhibirse. De ello, ya había momentos muy claros en su discografía -no hay que gozar de un profuso conocimiento en Proust para entender sus sentidas letras-. Pero, ahora, esta fórmula está siendo trasladada a sus conciertos. Resulta conmovedor ver lo cómodo que se siente al piano, como las proyecciones hacen un repaso a los discos de su vida, a sus musas, a sus temores, a sus propios retos como persona… El disfraz de La Casa Azul, una pandilla formada por tres chicos y dos chicas holográficos unidos ya para siempre al imaginario colectivo, no sirve para esconder la personalidad de Guille, harto de que su felicidad dependa de las benzodiazepinas.
Peccato que la Joy Eslava, sala acostumbrada a ofrecer una buena acústica, quisiese sacar tanta tajada del ¿fenómeno? Milkyway. Sus responsables deberían tener en cuenta que el aforo no ofrece una correcta escucha en todas sus dependencias. Resulta ridículo que alguien pague por situarse en la parte baja de los laterales, donde el sonido llega tan rebotado.
Minaya, iluminado entre los iluminados, definió hace algunos años a Guille Milkyway como el Brian Wilson del pop español. Personalmente, pienso que no andaba nada desencaminado.
-No fui yo quien le trajo aquí, Bartleby- dije yo muy dolido por su sospecha implícita-. Y, para usted, este tampoco debería de ser un lugar tan vil. Nada reprochable se le puede imputar por estar aquí. Y, mire, no es un lugar tan triste como podría pensarse. Mire: ahí está el cielo, y aquí la hierba.
Sergio Cortina
March 12th, 2008 at 3:23 pm
Oye que sospresa que me comentes en el blog!. Y mejor, que sorpresa descubrir que escribes muy bien
Sergio Cortina
March 12th, 2008 at 3:24 pm
Oye que sorpresa que me comentes en el blog!. Y mejor, que sorpresa descubrir que escribes muy bien
rosa
March 13th, 2008 at 11:39 am
¡Gracias Sergio! Ya estamos en contacto…

dani
March 14th, 2008 at 9:24 pm
Hay coño!!! mira que tener que enterarme que tenias este blog por popmadrid!!! si es que cuando un es lento….ja ja ja.
Yo como ficusín, también me declaro fan de tus palabras.
Besos
minaya
March 26th, 2008 at 8:52 am
Eso de iluminado no sé si es bueno o malo
ReHolas (¡¡de nuevo!!). A ver si consigo de dejar de ser como el Guadiana… ¿Vais a ir a ver a Single?