Uno de mis sueños secretos es tener un mes de vacaciones, hacer la mochila y emprender rumbo a Brasil.
Como de momento, no tengo tiempo, me conformo con hacer regalos bonitos que, por ende, también me gustan a mí y disfrutar de ellos.
Tropicália, A Brazilian revolution in sound, es una de esas pequeñas joyas que nunca fallan.
¡Y de que manera animan un lunes, oiga usted!
-No fui yo quien le trajo aquí, Bartleby- dije yo muy dolido por su sospecha implícita-. Y, para usted, este tampoco debería de ser un lugar tan vil. Nada reprochable se le puede imputar por estar aquí. Y, mire, no es un lugar tan triste como podría pensarse. Mire: ahí está el cielo, y aquí la hierba.
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