Hoy he tenido una extraña sensación. Esto de escaparse al hogar paterno un fin de semana siempre tiene consecuencias. Algunas veces son consecuencias agradables, otras no tanto y algunas caen en aburrida indiferencia. Rebuscando entre las cajitas de mi habitación -mía, por derecho y a pesar de la distancia- he encontrado un buen número de notitas, de estas que te escribías en clase con tu compañero de pupitre y que -al menos, en teoría- eran más discretas que ponerte a hablar con la mano en la boca. Yo siempre he sido de las charlatanas, de las eternas castigadas por darle a la sin hueso, de las que desesperaban a los maestros, de las sin remedio… Y, eso que, a día de hoy, la seño Mercedes me sigue teniendo en palmitas. Si me tuviese que clasificar ahora sería algo así como una empollona políticamente correcta.

Retomando el hilo, la verdad es que hasta que no me leí un par de ellas, no fui capaz de poner fecha a las dichosas cartitas. Entonces, un dato revelador me confirmó que eran de 8ºEGB. Vamos, que servidora ya está entrada en años y que aquellos comentarios contaban con un mínimo de 12 años. No hace falta decir que en ese momento un sudor frío recorrió toda mi espalda… ¿Alguien sabe cuánto dura la tinta de un boli BIC? ¡Y eso que costaban 25 pesetas! Ya no hacen material de escritorio como el de antes…

Ah, por cierto, si no os deja dormir qué dato fue el que me permitió poner los puntos sobre las íes: la fecha de lanzamiento de un álbum de Take That. Ver para creer.