Dentro de la publicidad en soportes clásicos, estoy segura de que los grandes carteles en las estaciones de metro se encuentran entre los más efectivos. Vamos que, por raro que parezca, esto de ir a primera hora de la mañana medio dormida y encontrarte con un anuncio de 4×3 metros parece que funciona. Al menos, está comprobado que, como mínimo, lo lees. No obstante, supongo que la capacidad de recuerdo será más bien escasa. En estos momentos, no me viene a la cabeza ningún anuncio de esta tipología que haya visto en los últimos tres meses… Tendré que comer más lentejas.
Hace una semanita el metro de Madrid está invadido por una nueva campaña promocional de Trinaranjus (¿de verdad que a día de hoy alguien bebe este refresco?). A mí me ha hecho bastante gracia esta forma de mezclar las cualidades del producto -la bebida- y el soporte -la red de metro-. Me gusta especialmente el dedicado a la parada de metro Sevilla y el de Tribunal.
¡Qué va a ser de la publicidad como se ponga de moda decir la verdad!
-No fui yo quien le trajo aquí, Bartleby- dije yo muy dolido por su sospecha implícita-. Y, para usted, este tampoco debería de ser un lugar tan vil. Nada reprochable se le puede imputar por estar aquí. Y, mire, no es un lugar tan triste como podría pensarse. Mire: ahí está el cielo, y aquí la hierba.
cristini
June 8th, 2008 at 7:17 pm
Qué buena! Yo no lo había visto!
Recuerdo que hace tiempo nos pasamos toda una noche hablando de lo sugerentes que eran los nombres de las estaciones de metro y de la cantidad de cosas a las que se podían asociar.
De ahí saltamos a los nombres de las chucherías, que son también brutales: nubes, besitos, ladrillos, gusanitos, fresa silvestre… Me encantan los frutos secos que vas pidiendo por nombre como antaño.
rosa
June 8th, 2008 at 8:20 pm
¡Estás hecha toda una vintage, Cristini!
