Florilingo es una de las palabras más bellas jamás descritas. Sin duda.
Dícese del hombre, o joven en edad de dejar de serlo, que se pasea taciturno entre las flores y los arbustos silvestres, suspirando con desdén y mirando por encima del hombro a aquellos que, en teoría, deberían ser sus iguales.
El florilingo, por referencia, es incapaz de encontrar paz a su caos interior y se refugia en la ingesta de cafeina y lecturas dificilmente comprensibles hasta altas horas de la madrugada.
Puede ser, y solo en casos extremos, que al sujeto en cuestión le dé por escuchar a Kirsty MacColl.
Si alguien entre tus conocidos presenta más de dos de estos síntomas, hazte un favor: pon tierra de por medio. La florilingitis es contagiosa. Especialmente, en ciertas etapas de la vida.
A Javitxu, mi florilingo favorito.
-No fui yo quien le trajo aquí, Bartleby- dije yo muy dolido por su sospecha implícita-. Y, para usted, este tampoco debería de ser un lugar tan vil. Nada reprochable se le puede imputar por estar aquí. Y, mire, no es un lugar tan triste como podría pensarse. Mire: ahí está el cielo, y aquí la hierba.
Lacatus
September 1st, 2008 at 10:00 pm
Un himno florilingo dedicado a la autora del artículo:
http://www.youtube.com/watch?v=G2NQl3stdF0