Florilingo es una de las palabras más bellas jamás descritas. Sin duda.
Dícese del hombre, o joven en edad de dejar de serlo, que se pasea taciturno entre las flores y los arbustos silvestres, suspirando con desdén y mirando por encima del hombro a aquellos que, en teoría, deberían ser sus iguales.

El florilingo, por referencia, es incapaz de encontrar paz a su caos interior y se refugia en la ingesta de cafeina y lecturas dificilmente comprensibles hasta altas horas de la madrugada.

Puede ser, y solo en casos extremos, que al sujeto en cuestión le dé por escuchar a Kirsty MacColl.

Si alguien entre tus conocidos presenta más de dos de estos síntomas, hazte un favor: pon tierra de por medio. La florilingitis es contagiosa. Especialmente, en ciertas etapas de la vida.

Croacia, parque nacional de los Lagos de Plitvice

A Javitxu, mi florilingo favorito.