Ayer por la tarde, la confluencia de los astros -en general- y mi estado de ánimo -en particular- habían provocado que Nick Lowe contase con pocas posibilidades de conseguir emocionarme. Durante toda la tarde había estado peleando con un dolor de cabeza que ni el paseo desde casa a La Riviera había aliviado. Además, por qué no reconocerlo, un concierto en la sala del Manzanares siempre tiene sus riesgos si no estás atento a la hora de ubicarte. En resumidas cuentas, parecía que la pereza iba a poder conmigo.

La verdad es que nuestra llegada al lugar del evento tampoco mejoró el histórico: La edad media de los asistentes se elevaba vertiginosamente y la sensación de estar haciendo la cola para entrar en el baile de la madrileña discoteca Stylo se acrecentaba por momentos. Para rematar, y como parezco tonta, solo a mí se me ocurre acercarme a la barra a pedir una caña. Cuando el camarero me indicó que el precio de mi cervezuela aguada en vaso de plástico ascendía a 5,5€ no pude menos que reirme. ¿Dónde están los de Consumo cuando se les necesita?

Cola para entrar en la discoteca Stylo de Madrid

Tras el atraco, mis ánimos no habían mejorado lo que se dice mucho y, tan solo la llegada de amigos comentando las “peculiares” características del evento, me recordó que estaba a punto de ver a ese genio y figura que es Nick Lowe. Apenas pasaban 15 minutos de las 9 de la noche cuando don Nicholas hizo su aparición en el escenario. Con camisa de un blanco inmaculado, pantalón de pinzas negro estrechito de pierna y pelo recién cortado (por cierto, ¡menudo pelazo que sigue teniendo este hombre a sus 59 años!) el bueno de Nick salió dispuesto a cautivarnos.

Poco importó que la sala estuviese al ¿60%? de su aforo, que no te sepas su discografia completa, o que estuvieses allí con el corazón encogido intentando que tocase esa canción que para tí es especial. Ayer, Lowe había venido dispuesto a convertirnos en mejores personas. Arrancó él solito, acompañándose por su guitarra, poniéndonos a todos la miel en los labios y dejándose querer. Que si encantado de estar en España, que si dando las gracias por asistir y que si disculpándose por hablar tan poquito español. Todo muy cortés, todo muy inglés.

El cantante y compositor Nick Lowe

Con la banda llegó el éxtasis, hubo mucho “At my age”, pero Lowe es generoso y sabe que el público se deshace con sus continuas sonrisas, sus muecas condescendientes cuando nos animamos a hacerle los coros y cuando nos regala perlas como “(What’s So Funny ‘Bout) Peace, Love, and Understanding” o “Cruel to be kind”. El que fuera el productor por antonomasia de Costello no se quería dejar nada en el tintero, llegando a tocar un par de canciones con una cuerda rota de la guitarra. Como él mismo afirmó, flirteando con todos nosotros de mala manera: “Una cuerda rota, ¡esto nunca me ha pasado en toda mi carrera!”.

Su vuelta al escenario para cubrir los bises fue, sin duda, excepcional. “When I write the book”, mi canción favorita de Rockpile, mi canción favorita suya, sonó como nunca me lo habría imaginado: Con toda la fuerza de alguien que con su experiencia vital se esfuerza en seguir entregando grandes canciones. No llegó a la hora y media de concierto, pero no hizo falta nada más. Lowe demostró lo que es capaz de hacer a su edad y espero que ¡por muchos años más!

“And when I write the book about my love,
It’ll be a heartbreaking story about love and luck.
When I get down on the pages all I felt,
It will make the hardest-hearted of critics’ hearts melt.
When i write the book about my love”