Ayer nos pasó una cosa de lo más curiosa. Tras tres semanas planificando y desplanificando acudir al Teatro Español a ver el musical de Sweeney Todd, del que tan buenas críticas hemos oído, nuestra intención quedó exactamente en eso, en nada más que un intento. Tras tomar el pincho y la cañita de rigor que nos aseguraban resistir las casi tres horas que dura el espectáculo pegados a la silla, nos encaminamos por la calle Príncipe directos, de manera irrevocable, al desastre.
Mientras esperábamos que unos y otros fueran apareciendo (sigo pensando que lograr que seis personas queden en Madrid entre semana constituye una empresa harto difícil), un caballero uniformado de azul se acercó a nosotros con rostro contrariado. Su anuncio, no podía ser más demoledor: “La función de hoy se ha suspendido por inflamación de garganta de la actriz principal”. ¡Dios mío, tres semanas para conseguir lo imposible y este buen hombre nos echaba encima un jarro de agua fría!
Como siempre, no hay mal que por bien no venga, y como entre mis amigos tengo la suerte de contar con alguna mente preclara, un osado apuntó la idea de ir a tomarnos algo a El Lacón, ese templo del buen hacer y del mejor servicio que tan bien representa el Madrid más castizo. No obstante, está claro que ayer la fortuna no estaba de nuestra parte. El Lacón también estaba cerrado. En fin, tendríamos que haber comprado Lotería.
-No fui yo quien le trajo aquí, Bartleby- dije yo muy dolido por su sospecha implícita-. Y, para usted, este tampoco debería de ser un lugar tan vil. Nada reprochable se le puede imputar por estar aquí. Y, mire, no es un lugar tan triste como podría pensarse. Mire: ahí está el cielo, y aquí la hierba.
hytu
December 6th, 2008 at 4:14 pm
Esto en mi tierra se llama, levantarse con mal pie.