Pocas publicaciones pueden considerarse imprescindibles en este mundo. Desgraciadamente. Si por un casual, fuese obligada a disfrutar de un retiro forzoso en una isla desierta y mis captores, como gesto de buena voluntad, me facilitasen la oportunidad de suscribirme a un medio de comunicación sé muy bien cuál escogería. Con los ojos cerrados, The Economist sería mi elección. Casi, casi, puedo verme recibiendo el ejemplar semanal…
Ms Rosa Antuna Simon
Cocotero St 3rd Palmera
Empty Island
La cuestión es que, pese a quien le pese, estos británicos son lo más de lo más. Yo soy una gran fan de sus titulares (¡imbatibles!) y de su diseño basado en enormes galeradas de texto… ¡Si hasta las críticas de libros son excelentes!
Con este amor que siento a la revista, comprenderéis que cuando la semana pasada recibí una carta “by air mail” pidiéndome que contestase a una encuesta sobre contenidos y publicidad redactada en un inglés cursi-exquisito, me fue imposible negarme…
Además, por si fuera poca amabilidad la que destila el texto (parece que le estás haciendo el favor de su vida), te adjuntan 1$… Como lo lees:
As a token of our thanks for your help, please find enclosed a US$1 note, which you may wish to donate to a charity of your choice.
Ale, ¡ahí queda eso!
-No fui yo quien le trajo aquí, Bartleby- dije yo muy dolido por su sospecha implícita-. Y, para usted, este tampoco debería de ser un lugar tan vil. Nada reprochable se le puede imputar por estar aquí. Y, mire, no es un lugar tan triste como podría pensarse. Mire: ahí está el cielo, y aquí la hierba.
Leave a reply