Cuando a mi bandeja de entrada llega un correo desde el otro lado del charco a las 19.38 hora española, por norma general, sólo puedo ponerme a reir como si me fuera la vida en ello… Y lo comparto con todos vosotros. Así, cuando el/la sujeto/a tenga hijos yo podré revelarle los oscuros secretos de la juventud de su padre/madre.
Lo dicho: sin precio.
Tomaros un vinito o más de uno a mi salud, que lo necesito.Tengo una laringitis aguditis y hoy me he quedado en casa (primera vez que no voy a trabajar porque de verdad estoy mala, y no porque sufro una resaca espantosa, jajaja).
¡Qué extraordinaria es la amistad!
-No fui yo quien le trajo aquí, Bartleby- dije yo muy dolido por su sospecha implícita-. Y, para usted, este tampoco debería de ser un lugar tan vil. Nada reprochable se le puede imputar por estar aquí. Y, mire, no es un lugar tan triste como podría pensarse. Mire: ahí está el cielo, y aquí la hierba.
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