Una entrada escrita a mano nos aseguraba un par de asientos en la fila 13 del Teatro Häagen-Dazs Calderón (por cierto, menudo crimen de naming) para ver en concierto a los incomparables Wilco. Los rumores de una mayor venta de entradas que de asientos disponibles se extendían por momentos y, como no podía ser de otra manera, mi imaginación echó a volar. En un momento, me vi siendo apaleada por una multitud enfurecida que reclamaba mi asiento en la fila 13. Por suerte, la angustia que me produjo este delirio duró breves instantes. En mi mente sólo había un único objetivo: alcanzar, de una vez por todas, la dichosa fila 13.

Una vez ubicados en el patio de butacas, lujo asiático, señores y señoras, me dio por fantasear y pensar que, quizá, alguien le contaría a Mr. Tweedy que este teatro acoge en la actualidad un musical compuesto por Nacho Cano, integrante del grupo con más éxito que ha dado el pop español. Es decir, Mecano. También me imagino a Tweedy todo intrigado yendo a la fnac de Callao y agenciarse Descanso Dominical pero, creo que aquí ya lo estoy flipando demasiado…

En fin, que tras unos Akron/Family simpaticotes y juerguistas empeñados en animar al personal fuese como fuese, los operarios de Wilco empezaron a desplegar un backline de agárrate que hay curva. El presentimiento de que este concierto iba a ser EL CONCIERTO ganaba enteros por momentos. Atrás quedaba ya la discusión moral de si resulta ético o no pagar lo que se pagó por ver un concierto de rock ‘n’ roll. La verdad es que, tras el primer acorde, yo tenía muy claro qué responder a esta pregunta: Do you still love rock and roll?

Resulta paradójico ver cómo Wilco sale en escrupuloso orden al escenario: primero el grupo y luego Jeff, recibiendo su particular salva de aplausos. Es curioso que un grupo que suena tan compacto, equilibrado y en el que, “ni una maraca suena a destiempo” haga sentir desde el inicio, esa pequeña diferencia. No obstante, a Jeff se le perdona eso y más…

¿Querías éxitos? Pues los tocaron. ¿Querías grandes temas lentos que sonaron como nunca? Pues los hubo. ¿Querías simpatías con el público? Pues las tuvieron: bromas con la gripe porcina y las mascarillas, metiéndose con un pobre chaval cuyos compañeros de asiento la estaban montando en el pasillo, mandando sentarse a la gente muertos de la risa…

A ninguno de los miembros de Wilco se les fue la sonrisa de la cara. Impresionante, como siempre, Nels Cline (¿el mejor guitarrista que te puedes encontrar sobre un escenario?). Impagable el duelo de wiltarras ya en los bises entre Cline y Sansone. Simplemente, encantadores.

El recital terminó como tenía que terminar: con un bis de 45 minutos con todo el mundo de pie, entusiasmado, dejándose llevar por esa avalancha de sentimientos en forma de música.

A día de hoy, me parece inconcebible tener que esperar ¿un año? para volverlos a ver. Definitivamente, esa es la auténtica mala suerte que me ha brindado la fila 13.