El floristero que había debajo de mi antigua casa siempre decía que los ramos no debían confeccionarse nunca con un número par de flores. No sé si se trataba de una estrategia de marketing para que siempre le comprase tres bambús en lugar de un par de ellos. La cuestión es que conmigo, fuese superstición, superchería o un engañabobos en toda regla, le funcionó.
Hoy cumplo 28, número par donde los haya. Espero que sea un buen año.
Eso sí, por favor, que pasen más lentos que los 27, que casi no me entero.
-No fui yo quien le trajo aquí, Bartleby- dije yo muy dolido por su sospecha implícita-. Y, para usted, este tampoco debería de ser un lugar tan vil. Nada reprochable se le puede imputar por estar aquí. Y, mire, no es un lugar tan triste como podría pensarse. Mire: ahí está el cielo, y aquí la hierba.
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