Durante nuestro último retiro espiritual en Casavieja para meditar sobre el sexo de los ángeles, la existencia de OVNIs y si Mulder&Scully al final se liaron, me quemé un poquito la espalda.
Lo típico: te pones en biquini -con un tono que va entre el blanco Ariel y el rosadito de los primeros rayos-, te echas tu cremita, un ratito a la sombra, chapuzón aquí, chapuzón allá, un poco de cremita otra vez y con las prisas, te olvidas de pedir que te unten la espalda de nuevo. Un clásico, vamos.
Estaba yo preocupada en cómo iba a quedar mi pobre espalda cuando, de repente, mi querida Amaia, capaz de reducir una maleta fantástica a su mínima expresión y llevar en ella todo lo que se puede precisar (algo que yo llevo más de 10 años intentando conseguir), sacó de su neceser un bote singular y maravilloso: el aftersun de Ecran.
Sinceramente, no suelo ser yo muy sentimentaloide con el tema de las marcas, pero sí he de admitir una cosa: abrir ese bote fue volver a las eternas tardes de verano en la playa, a los granos de arena instalados durante meses en la habitación y el baño -eran resistentes al aspirador y la mopa, ¡lo prometo!-, a los mikolápices y al superchoc -porque de hielo no se podía comprar nada-, a perderse en el camino del agua a la toalla, a las guerras en las colchenetas de Toy y a jugar a los Vigilantes de la Playa -obviamente, yo nunca fui CJ-…
Hoy, tras el finde en el Faraday, he ido a comprar aftersun y, aunque desde años Isdin está instalado en mi estantería de baño (yo le hago caso siempre a River Cuomo y todo lo coloco en las estanterías: “When I’m away she puts her makeup on the shelf.”), no he podido evitarlo y me he visto comprando el de Ecran. Por respeto a la memoria.
Por cierto, me pasa exactamente lo mismo con el gel de ducha de Moussel.
-No fui yo quien le trajo aquí, Bartleby- dije yo muy dolido por su sospecha implícita-. Y, para usted, este tampoco debería de ser un lugar tan vil. Nada reprochable se le puede imputar por estar aquí. Y, mire, no es un lugar tan triste como podría pensarse. Mire: ahí está el cielo, y aquí la hierba.
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