Cuando entré en mi actual casa, lo primero que pensé fue: “Ésta parece prestosa”; cuando me dí cuenta que entre sus paredes contenía un fabuloso Blanco sobre blanco de albañilería, no lo dudé: “Éste es mi hogar”.

Kasimir Malevic

Precios, fianzas y demás familia pertenecen a los duros trámites por los que hay que transitar. Da igual que lo llames caparra italiana, mordida mexicana o soborno -algo taaaan castellano-, estás condenado a pasar por todo ello.Y quién diga lo contrario, seguramente, miente.

Amén del triste panorama inmobiliario peninsular, que combina grandes dosis de especulación, con espacios públicos que despeñan viejecitas en el “mirador” de Las Cortes y precios imposibles; alquilar una vivienda, una vivienda HABITABLE (Del lat. habitāre), puede convertirse en un desafío al que ni los Cazafantasmas se atreverían a enfrentarse.

Siempre he buscado algo particular, algo que me llame la atención, en una casa antes de alquilarla. Ha podido ser una distribución “original”, una reforma en buen estado, una terraza agradable, una escalera con alto riesgo de caída o una zona en la que sea imposible conciliar el sueño… En esta última, me dejé guiar por mi sincero amor por Malevich en forma de ventana tapiada. Y es que, quien no se consuela, es porque no quiere.

P.S.- Por cierto, si no habéis ido a visitar la exposición del Museo Thyssen sobre Vanguardias Rusas no sé a qué estáis esperando. Tenéis hasta el día 20 de este mes.

Vanguardias Rusas en el Thyssen.